lunes, 5 de julio de 2010

Una batalla perdida y una esperanza ganada


Todos estamos tristes, eso es inevitable, nos vemos las caras y no entendemos porqué la derrota; analizamos y preguntamos, criticamos y defendemos, lloramos y nos esperanzamos; pero todo esto es parte del sentimiento y eso es también inevitable.

La búsqueda urgente del éxito de nuestra sociedad urge de manera inmediata, no sirve de nada alcanzar algo si ese algo no es el éxito absoluto, esa es nuestra lamentable idiosincrasia.

Nos dejamos llevar por el sentimiento de la pasión que nos enamora y nos nubla dejándonos sin ver el “todo” y sólo vemos el aniquilamiento de la ilusión. De ahí en más cargamos contra los generadores de sueños, los mismos sueños que alguna vez aceptamos como exitosos sabiendo tal vez de antemano que fueron forjados por “la trampa, por la mentira y por viveza criolla”.

Hemos vuelto a la realidad de nuestras vidas cotidianas y eso enoja más aún al desconsolado argentino que necesita echarle la culpa a alguien en esta derrota inaudita, una derrota que es limpia, sincera, sin manchas en los corazones.

Deberíamos tener una visión crítica, pero coherente a la vez, considerar que sólo se ha perdido un batalla y que nuestra guerra por demostrarle al mundo y a nosotros mismos que podemos, continúe dentro de cuatro años, en un campo de batalla que quizás inspire al argentino, serlo más que nunca.

Claro que la aparición constante de los oportunistas de la desesperanzas, oprimen el corazón del hincha de fútbol y contribuyen a sacar de su cabeza toda aproximación a una esperanza a futuro.
Estos personajes tienen nombre y apellido, son los encargados de la hecatombe deportiva nacional y se llaman o se hacen llamar "periodistas deportivos". En nuestro país hay muchísimos periodistas de esta raza, tan solo quedan pocos con la pureza intacta, una pureza que se ha perdido tras ser devorada por el amarillismo en el deporte.

La cotideaneidad mediática exige a estos periodistas horas de radio y cientos de líneas que llenar, para poder vender alguna publicidad que haga acrecentar el bolsillo de los medios a los cuales responden.

Pero lo maravilloso de todo esto es el efecto que causa en la sociedad, porque ante el más preciso de los pronósticos, ninguno de estos medios aferreos al amarillismo, imaginó un recibimiento como el que tuvieron las 23 fieras que participaron del mundial dirigidos por el más grande jugador de fútbol que el "universo real" haya parido y cuando decimos universo real hablamos del universo (no mediatizado).

Es inevitable pensar que la sociedad argentina está madurando en ciertos aspectos, quizás ya cansada de la voluntad de sus dirigentes en la política, el deporte y la vida misma también. Desarrollar actos como el recibimiento de la selección en ezeiza o el de los festejos del bicentenario en la 9 de Julio pone al descubierto un mensaje claro y preciso a ellos, a los oportunistas de la desesperanza.

lunes, 14 de junio de 2010

Para la "gente" que lo mira por TV



Ganó la selección!!!!
Gol de Heinze!!!
Una "palomita" entre las "Aguilas"
La figura de Argentina fué Messi!!!
La figura del partido el arquero nigeriano!!!
Hubo jugadas preparadas!!!
Romero estuvo muy seguro!!!
Se generaron muchas chances de gol!!!!
Fué el partido más abierto de lo que va del mundial!!!
Jonas no anduvo bien por la derecha!! mejor así los negros salieron de la cueva!!!!!!
Ojalá que el Toti de "la gente" siga preguntando y preguntando, que le pregunte a Jonas ahora, que le pregunte al "pipita" por favor!!!!
Te banco Passman, seguí preguntando, preguntale hasta el utilero!!!
JAJAJAJAJAJAJAJA.

lunes, 10 de mayo de 2010

Y hace tiempo dijo Tato!!!!








¡No señor!!! dijo el ministro de Economía mientras buscaba alguna moneda debajo de la alfombra.
La culpa de todo la tienen los evasores.

¡Mentiras! dijeron los evasores mientras cobraban el 50 por ciento en negro y el otro 50 por ciento también en negro.

La culpa de todo la tienen los que nos quieren matar con tanto impuesto.

¡Falso! dijeron los de la dirección impositiva mientras preparaban un impuesto al estornudo.

La culpa de todo la tiene la patria contratista; ellos se llevaron toda la guita.

¡Pero, por favor...! dijo un empresario de la patria contratista mientras cobraba peaje a la entrada de las escuelas públicas.

La culpa de todo la tienen los de la patria financiera.

¡Calumnias! dijo un banquero mientras depositaba a su madre a siete días.

La culpa de todo la tienen los corruptos que no tienen moral.

¡Se equivoca! dijo un corrupto mientras vendía a cien dólares un libro que se llamaba "Haga su propio negociado" pero que, en realidad, sólo contenía páginas en blanco.

La culpa de todo la tiene la burocracia que hace aumentar el gasto público.

¡No es cierto! dijo un empleado público mientas con una mano se rascaba el pupo y con la otra el trasero.

La culpa de todo la tienen los políticos que prometen una cosa para nosotros y hacen otra para ellos.

¡Eso es pura maldad! dijo un diputado mientras preguntaba dónde quedaba el edificio del Congreso.

La culpa de todo la tienen los dueños de la tierra que no nos dejaron nada.

¡Patrañas! dijo un terrateniente mientras contaba hectáreas, vacas, ovejas, peones y recordaba antiguos viajes a Francia y añoraba el placer de tirar manteca al techo.

La culpa de todo la tienen los comunistas.

¡Perversos! dijeron los del politburó local mientras bajaban línea para elaborar el duelo.

La culpa de todo la tiene la guerrilla trotskista.
¡Verso! dijo un guerrillero mientras armaba un coche-bomba para salvar a la humanidad.

La culpa de todo la tienen los fascistas.

¡Malvados! dijo un fascista mientras quemaba una parva de libros juntamente con el librero.

La culpa de todo la tienen los judíos.

¡Racistas! dijo un sionista mientras miraba torcido al coreano del negocio vecino.

La culpa de todo la tienen los curas que siempre se meten en lo que no les importa.

¡Blasfemia! dijo un obispo mientras fabricaba ojos de agujas como para que pasaran diez camellos al trote.

La culpa de todo la tienen los científicos que creen en el Big Bang y no en Dios.

¡Error! dijo un científico mientras diseñaba una bomba capaz de matar más gente en menos tiempo con menos ruido y mucho más barata.

La culpa de todo la tienen los padres que no educan a sus hijos.

¡Infamia! dijo un padre mientras trataba de recordar cuántos hijos tenía exactamente.

La culpa de todo la tienen los ladrones que no nos dejan vivir.

¡Me ofenden! dijo un ladrón mientras arrebataba una cadenita a una jubilada y, de paso, la tiraba debajo del tren.

La culpa de todo la tiene los policías que tienen el gatillo fácil y la pizza abundante.

¡Minga! dijo un policía mientras primero tiraba y después preguntaba.

La culpa de todo la tiene la Justicia que permite que los delincuentes entren por una puerta y salgan por la otra.

¡Desacato! dijo un juez mientras cosía pacientemente un expediente de más de quinientas fojas que luego, a la noche, volvería a descoser.

La culpa de todo la tienen los militares que siempre se creyeron los dueños de la verdad y los salvadores de la patria.

¡Negativo! dijo un coronel mientras ordenaba a su asistente que fuera preparando buen tiempo para el fin de semana.

La culpa de todo la tienen los jóvenes de pelo largo.

¡Ustedes están del coco! dijo un joven mientras pedía explicaciones de por qué para ingresar a la facultad había que saber leer y escribir.

La culpa de todo la tienen los ancianos por dejarnos el país que nos dejaron.

¡Embusteros! dijo un señor mayor mientras pregonaba que para volver a las viejas buenas épocas nada mejor que una buena guerra mundial.

La culpa de todo la tienen los periodistas porque junto con la noticia aprovechan para contrabandear ideas y negocios propios.

¡Censura! dijo un periodista mientras, con los dedos cruzados, rezaba por la violación y el
asesinato nuestro de cada día.

La culpa de todo la tiene el imperialismo.

Thats not true! (¡Eso no es cierto!) dijo un imperialista mientras cargaba en su barco un trozo de territorio con su subsuelo, su espacio aéreo y su gente incluida.

The ones to blame are the sepoy, that allowed us to take even the cat (la culpa la tienen los cipayos que nos permitieron llevarnos hasta el gato).

¡Infundios! dijo un cipayo mientras marcaba en un plano las provincias más rentables.

La culpa de todo la tiene Magoya.

¡Ridículo! dijo Magoya acostumbrado a estas situaciones.

La culpa de todo la tiene Montoto.

¡Cobardes! dijo Montoto que de esto también sabía un montón.

La culpa de todo la tiene la gente como vos por escribir boludeces.

¡Paren la mano! dije yo mientras me protegía detrás de un buzón. Yo sé quién tiene la culpa de todo.

La culpa de todo la tiene El Otro. ¡EL Otro siempre tiene la culpa!

¡Eso, eso! exclamaron todos a coro. El señor tiene razón: la culpa de todo la tiene El Otro.

Dicho lo cual, después de gritar un rato, romper algunas vidrieras y/o pagar alguna solicitada, y/o concurrir a algún programa de opinión en televisión (de acuerdo con cada estilo), nos marchamos a nuestras casas por ser ya la hora de cenar y porque el culpable ya había sido descubierto. Mientras nos íbamos no podíamos dejar de pensar:

¡Qué flor de hijo de puta que resultó ser El Otro...!!!!



Tato Bores

Veo

En el altar de mi Dios
veo las cosas que están pasando
no sé si vi a mi Dios!!
pero algo me está preocupando.


No veo un mundo mejor
sólo veo que está empeorando
veo al diablo en su esplendor
y a los niños agonizando.


Puedo ver el sol y la luna,
y a los ángeles cantando
pero en los ojos del ser humano
veo el odio y el espanto.


Manuel Zurita

martes, 4 de mayo de 2010

¡En serio, Dan miedo!

La histeria periodística se torna cada vez más pedante, las provocaciones de unos y las victimizaciones de otros; los monopolios, el gobierno y en el medio, ¿quién sino?, los habitantes de este bendito país que día a día salen de sus hogares con distintos destinos, con distintos motivos, con distintas esperanzas. Pero hay algo en común que tienen todos y hoy parece ser un tema central que es la información o desinformación a la cual los ciudadanos comunes tienen acceso.

No falta mucho para que la eliminación de la desinformación actual se concrete y podamos tener una comunicación más amplia de la realidad, la cual en estos momentos se cocina desde las oficinas de los gerentes de los grandes medios, armando su agenda del día y transgiversando la existencia de la verdad. El cambio puede ser muy extremista y no estamos acostumbrados a las modificaciones tan rotundas. Esto significa que en la transición puedan quedar dudas y disconformidad respecto a quienes nos comunican y de que manera, "El que se quemó con leche, ve a una vaca y llora" decían las abuelas, pero es normal esa desconfianza después de darnos cuenta que hemos vivido con vendas en los ojos durante mucho tiempo.




Hoy se observa que otras voces aparecen, también vuelven a escena otras que después de 20 años habían sido censuradas, como la excelente periodista de Canal 13 Liliana López Foressi, muy crítica en los años menemistas, que en una especie de condena eterna fue expulsada de los medios hegemónicos a cambio de que el gobierno, en aquellos años, de Carlos Menem, logre el silencio del controvertido Patricio Kelly tras haber denunciado en un programa de la "señora" Mirta Legrand la irregular adopción de los hijos de la dueña de Clarín, Ernestina Herrera de Noble. Hoy tenemos la posibilidad de escuchar las opiniones de esta periodista, compartidas o no, pero se escuchan y eso es lo importante.




Cuando algunos periodistas recurren al temor como "último manotazo de ahogado" para seguir sirviendo de sostén a empresas monopólicas, lo que consiguen lamentablemente es desprestigiar la profesión periodística. Si la mentira o la autocensura son parte del periodista ya no hay más nada que decir, el miedo es parte de ese "profesional" y su credibilidad será la encargada de atemorizar al hombre verdaderamente.


Manuel Zurita

domingo, 18 de octubre de 2009

La Lección Maradona

(Copia textual de la Editorial de la revista Veintitrés. Año 12. Número 589. 15/10/09. Buenos Aires, Argentina)

Eligió a la corporación mediática como rival a derrotar, incurre en una poética “morenista” (no de Mariano, sino de Guillermo, el bravo) y no perdona las jugadas destituyentes que adivina en su contra. El proceso de Diego Maradona al frente de la selección es una metáfora que le calza casi perfecta al relato que el kirchnerismo propone de sí mismo, al menos desde el lockout agrario para acá. En un país donde todo está en discusión, incluso Maradona, nuestro Dios de saldo, la épica maradoniana implica sobreponerse a las críticas, premiar a los leales en procura de lograr un objetivo superior y devolver cada golpe con ferocidad retórica. No gusta su destrato, su soberbia es detestable, su equipo no juega bien, no tiene buena prensa, pero Maradona puede decir, como los Kirchner (perdón por la herejía comparativa), que a algún lugar nos llevaron con sus excesos, sus errores y sus aciertos.
Millones de argentinos fueron testigos de la actitud groseramente desafiante de Maradona después de conseguir el pasaporte al mundial. Más allá de ser una persona afecta a la desmesura, a todos nos quedó claro que se trató, también, de un desahogo. Como viene siendo habitual, cada vez que alguien critica a los medios, éstos responden objetando la forma pero eludiendo las cuestiones de fondo. ¿A caso Maradona miente cuando dice que hay periodistas que lo quieren fuera de la selección?¿Falta a la verdad cuando sugiere que le están facturando haber festejado junto a Cristina Kirchner y Grondona la ruptura del contrato entre la AFA y TyC?¿No tiene derecho a sentirse ofendido cuando comentaristas que nunca pisaron una cancha vociferan que él, el mejor jugador de la historia, “no sabe nada de fútbol”? Es probable que Maradona tenga razón, al igual que aquellos periodistas que honestamente dicen que no les gusta como juega el equipo y rechazan su verba de potrero sin filtro. Seguramente, como en todo, la verdad, si es que está en algún lado, estará en el medio de todas estas afirmaciones. Pero hablamos de un síntoma. El problema real es que los argentinos desarrollamos en todos estos años un talento para la destrucción que sorprende. Si en algo estábamos de acuerdo, hasta no hace mucho, era que cuando jugaba la selección todos éramos del mismo equipo. ¿Nuestro afán de criticar hasta lo que sale bien va a terminar también con eso?
Maradona había prometido llevarnos al Mundial y ahí estaremos. Lo logró con métodos heterodoxos: les pasó videos mostrando la pobreza del país a jugadores que cotizan en millonadas de euros, mientras les decía que esa gente que veían en el tape no tenía alegrías más que la que ellos podían darle adentro de la cancha.
Y puso lo que hay que poner cuando se quiere ganar algo enserio: Convicción.
Los modales son una anécdota. Lo que importa es la lección.

jueves, 13 de agosto de 2009

The fútbol not dead


¡Argentinos! y ¡Argentinas! Hoy quiero comunicarles algo importante a todos ustedes. He dejado mis ocupaciones diarias para dedicarme a solucionar un tema primordial en la vida de los argentinos. Tuve que resignarme a abandonar la búsqueda de una solución para disminuir la pobreza. No he tenido tiempo aun de ocuparme del sector del campo, que reclama y reclama; también olvidé el temita ese de la inseguridad y otros tantos asuntos menores que no tienen tanta urgencia, pero bueno, todo esto valió la pena para abocarme de lleno junto a mi fiel Jefe de Gabinete y encontrarle una vuelta de tuerca más, al problema que castiga cruelmente a todos y a todas. Con la humildad que me caracteriza déjenme decirles “El fútbol no ha muerto”.

Hay personajes que a uno le quedan en la cabeza toda la vida por más que ya no estén, en mi caso particular un personaje que no olvidaré es Rafael Orestes Porelorti (para los que no lo conocieron, lo personificaba el hace poco fallecido Fernando Peña). Porelorti era el típico político corrupto, que hacía y deshacía a su antojo, sin importarle nada de nada, pero siempre con un discurso conciliador, ameno a la gente, desde ya disparatado y desopilante, casi imposible creer lo que decía. La verdad es que siempre imaginé la figura de Porelorti en políticos como Adalberto Cohan, Carlos Corach, de la época menemista y Aníbal Fernández y Florencio Randazzo de estos tiempos, ¡claro! jamás se me vino a la cabeza la figura de Porelorti encarnada en Cristina Fernández de Kirchner; ¿será porque es mujer?, definitivamente no, entonces ¿será que la presidente tiene un discurso claro y Porelorti siempre confundía? tampoco.
Pero después de enterarme los otros días que el gobierno tomaba cartas en el asunto, en la discordia económica que están llevando la AFA y la empresa TSC (Televisión Satelital por Cable, perteneciente al grupo Clarín), por la televisación de los partidos del Fútbol argentino, me dí cuenta que tranquilamente a la presidenta le quedaría bien el personaje del grandioso y nunca tan bien ponderado Porelorti, que en sus famosas conferencias de prensa (arregladas previamente con el señor periodista Mir), siempre metía como bocadillo un discurso político, desde ya, difícil de asimilar, jugando a ser víctima de la prensa y siempre mencionando su ideal de un mundo mejor, luchando contra las injusticias y la pobreza, contra la droga y el juego y a la vez haciendo de todos estos, sus mejores negocios.
Bueno, seamos realistas, que el gobierno se haga cargo del problema económico del fútbol argentino, es sin dudas disparatado; que además se haga cargo con dinero que iba a ser destinado a las provincias, no tiene perdón y encima hacer romper un contrato firmado y avalado por la AFA entidad que representa a los clubes del fútbol de argentina en todas sus categorías es verdaderamente lamentable.
Hago esta evaluación totalmente cargada de subjetividad y me hago cargo, porque eso es lo que tenemos que hacer, hacernos cargo, como no lo hicimos en esos años de derroche menemista, cuando empresas como TSC y muchísimas más, conseguían concesiones millonarias por un período exageradamente largo para asegurarse el negocio. Hoy parece que el negocio se le termina y lo agarra el estado, claro que todo es para beneficio del usuario, no vale pensar de otra manera ¡eh! Lo mejor pienso que sería renegociar el contrato por el tiempo que reste, ajustando algunas cosas para que el negocio les cierre a todos y después licitar nuevamente con alguna otra empresa que maneje algún dueño de medios (jajjaja se me viene a la capocha otro Porelorti) seguro se imaginan, alto, colorado, pintón, empresario, diputado, dueño de medios y sobre todo millonario.
Claro que el personaje de Porelorti tiene mucha competencia, no olvidemos a Don Julio Grondona, que pobre él hace más de treinta años “cuida” los intereses de la AFA.
Sólo espero que los argentinos y argentinas abramos los ojos de una vez y un consejo para todos; Escuchen los partidos por radio que son más emocionantes.


Manuel Zurita.